El valor de la soledad

 

En una cultura donde ser sociable y extrovertido se valora sobre todo lo demás, resulta difícil, incluso doloroso, ser introvertido. Pero como Susan Cain argumenta en esta apasionada conferencia, las personas introvertidas brindan extraordinarias habilidades y talentos al mundo, y por ello se las debería motivar y celebrar.

 

Las personas somos seres sociales, pero tras pasarnos el día rodeados de gente, de reunión en reunión, atentos a las redes sociales y al móvil, hiperactivos e hiperconectados, la soledad ofrece un espacio de reposo sanador. Una de las conclusiones más sorprendentes es que la soledad resulta básica para la creatividad, la innovación y el buen liderazgo. Un estudio realizado en 1994 por Mihaly Csikszentmihalyi (el gran psicólogo de la felicidad) comprobó que los adolescentes que no soportan la soledad son incapaces de desarrollar el talento creativo. PINCHA AQUÍ PARA LEER EL ARTÍCULO

George Kembel: “Se aprende haciendo, y no escuchando a un profesor”

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Todo empezó en un contenedor. En 2005, George Kembel (Florida, 1972) cofundó en mitad del campus de la Universidad de Stanford la d.school, una escuela de diseño que una década después sería conocida por ser una de las más creativas del mundo. De ese cubículo de acero que comenzó a funcionar con 30 estudiantes, han salido proyectos de impacto como School Retool, un programa ideado para transformar la forma de enseñar en los colegios que el pasado noviembre recibió una inyección de la Casa Blanca de 200 millones de dólares.

Kembel, graduado en ingeniería por Stanford, se dedicó durante más de siete años a levantar y cerrar empresas. Su instinto le hizo volver al campus. Creía que el diseño podía ser elevado a una nueva categoría en esa universidad. Estaba convencido de que se podía crear un nuevo espacio que aportara a los alumnos un modo de trabajar innovador, inexistente hasta el momento. Ese método, acuñado más tarde como design thinking, se convirtió en una metodología que empezó a ser usada por compañías y gobiernos de todo el planeta. La clave es teorizar menos y actuar más. Basar el aprendizaje en experiencias reales y no en lecciones magistrales.

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Pedagogía en el Congreso

GRA091. MADRID, 13/01/2016.- La diputada de Podemos Carolina Bescansa llega con su bebé al hemiciclo del Congreso donde hoy se celebra la constitución de las nuevas Cortes Generales emanadas de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, que supone la apertura de la XI Legislatura. EFE/Sergio Barrenechea

GRA091. MADRID, 13/01/2016.- La diputada de Podemos Carolina Bescansa llega con su bebé al hemiciclo del Congreso donde hoy se celebra la constitución de las nuevas Cortes Generales emanadas de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, que supone la apertura de la XI Legislatura. EFE/Sergio Barrenechea

 

Carolina ha llevado a su hijo Diego dos veces al Congreso.
Y no porque Diego quiera ser político.
Al menos no todavía.
Diego tiene seis meses.
Carolina Bescansa es secretaria de análisis político y diputada de Podemos.
Y madre.
Familia y profesión.
Vida privada y laboral.
Carolina y Bescansa.
Una dualidad con el ánimo bien alto: Claro que puedo.
Aunque no nos lo pongan nada fácil.
Porque nos han expoliado el tiempo.
De la manera más violenta que existe: pagando por ello.
Así que solo tenemos dinero.
Y un día a la semana.
Dinero para pagar a otros para que críen a nuestros hijos.
Dinero para que no les falte de nada.
Aunque les faltemos nosotros.
Parece que a algunos no les ha interesado la conciliación.
Prefieren que las mujeres se arranquen los hijos de los pechos, se pongan trajes de falda chaqueta y sigan produciendo.
O que se queden en casa, claro.
No hay nada más injusto que hacer decidir a alguien.
La bolsa o la vida.
Ninguna de las dos.
Hablar de que toda mujer tiene derecho, o no, a tener un hijo es tremendamente irrespetuoso.
Porque tal afirmación presupone que cabría la posibilidad contraria.
Y es algo tan intrínseco que la sola mención sin ser la implicada ya debería producir pudor.
Hablar de que toda mujer tiene derecho, si quiere, a desarrollarse profesionalmente es condescendiente.
Porque las mujeres siguen siendo después de la maternidad.
Porque las mujeres siguen siendo aunque no sean madres.
Y las instituciones públicas, como prioridad, deberían proteger a todas aquellas valientes que paran la noria a golpe de entrañas y dicen: Espera, que me bajo un momento, que me mareo y quiero vivir.
Quiero vivir.
Porque saben que hay cosas que no regresan.
Las dos trenzas en el pelo con una cinta azul.
La sensación de verano el último día de colegio.
El hueco que deja el primer diente de leche.
Tu hijo con seis meses sobre el pecho.
Por eso es tan hermoso ver un carrito en el hemiciclo.
Un bebé en brazos de algunos amigos.
Un pecho alimentando a un ser vivo.
Por eso es emocionante todo lo que nos está pasando.
Ante lo novedoso podemos reaccionar de distintas maneras.
Con recelo: Lo hace para aparentar.
Con envidia: Lo hace porque puede y yo no.
O con amor: Gracias.
Gracias por pringar de vida las Cortes Generales.
Por hacernos pensar que otra política fue posible.
Por hacer visible la rutina.
Queremos vivir.
Queremos sentirnos útiles.
No renunciar.
Madres.
Padres.
Y que nuestros hijos e hijas nos vean crecer.

Escrito por: Roy Galán

Muros que eliminan fronteras

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El Colegio Público de Educación Infantil y Primaria ‘San José Obrero’ está situado en el barrio de ‘La Macarena’ de la ciudad de Sevilla y se define, en su proyecto educativo, como un centro que apuesta por la educación en valores: la inclusión, el tratamiento de la diversidad y la equidad componen la base de su trabajo diario.
Llevamos ya muchos años desarrollando programas y aplicando diseños curriculares para conseguir el máximo de inclusión y equidad en el trabajo con nuestro alumnado”. Manifiesta Miguel Rosa Castejón, Director del Colegio, desde hace algunos años.

La comunidad educativa está formada por familias humildes, estudiantes de distintas razas y nacionalidades y un profesorado comprometido con su tarea educativa. El entorno es urbano y la inmigración está muy presente en sus calles. Vecinos de todas las razas y países transitan por sus travesías y correderas… Un ambiente, un modo de vivir en comunidad que se deja ver visitando comercios, locutorios…

En la actualidad el Colegio ‘San José Obrero’ (SJO) cuenta con 402 estudiantes, 216 extranjeros o de origen extranjero (de 28 nacionalidades diferentes); otros 15 proceden de un asentamiento próximo. “Esta situación se convierte en una magnífica oportunidad para el alumnado, gracias a los objetivos y las metodologías que el centro han puesto en práctica”, afirma Miguel Rosa Castejón.

A lo largo del curso 2014-15 ─continuando con su práctica habitual de elaborar propuestas curriculares que aporten referencias ‘con sentido’ para los aprendizajes─ decidieron poner en marcha un Proyecto con verdadero calado educativo y comunitario. Un ejercicio de ‘ciudad educadora’ que adoptó el nombre de ‘¡Qué bonito es mi cole!’

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Arquitectura para despertar la imaginación infantil

Un niño realiza uno de lo juegos de la finlandesa Arkki en un curso de arquitectura para los más pequeños.

Un niño realiza uno de lo juegos de la finlandesa Arkki en un curso de arquitectura para los más pequeños.

 

Las ciudades se vuelven peores cuando los niños pasean por las calles sin reparar en ellas, como si solo estuvieran de paso. Las urbes pierden sin su presencia, pero también los más pequeños desperdician una escuela impagable si dejan de descubrir los rincones y los secretos de las ciudades. Con el ánimo de reunir chavales y edificios, cada vez son más los talleres de arquitectura para niños que se organizan en España.

¿Qué tendrían que tener las calles para que les gustara más su ciudad? ¿Qué debería desaparecer para hacer de su colegio un lugar donde aprender mejor? Hace poco menos de un lustro, una arquitecta madrileña que había sido madre, Almudena de Benito, fundó Chiquitectos en Madrid.

Desde entonces, 12 profesionales —entre arquitectos y educadores— forman parte de esta organización que enseña a utilizar la imaginación. Lo mismo sucede en Barcelona, donde Mamen Artero y Joan Vitòria pusieron en marcha El Globus Vermell para, en su caso, vivir su profesión de arquitectos “con una actividad que les colmaba como personas”.

A través del juego enseñan a los niños a conocer, debatir y reapropiarse de la ciudad, un lugar que puede decidirse entre todos y debe servir a todos. Tal vez por eso ambas iniciativas no suponen una excepción. Por toda España proliferan cursos que buscan acercar la arquitectura a los menores. En Sevilla, el estudio Lugadero ha montado sesiones sobre la ciudad como laberinto y en Bilbao el Guggenheim organiza cursillos para despertar el interés de los niños por la creación y el urbanismo.

Estos talleres tienen dos cosas en común: el juego como método y el despertar —o concienciar— como consecuencia. Con actividades como dibujar, pasear, cocinar o construir, los instructores buscan que los pequeños aprendan a mirar con visión propia y que comprendan la estrecha relación entre arquitectura y bienestar.

Más allá de las programaciones de estos estudios especializados en la formación de los niños, cada vez más instituciones se suman a la organización de jornadas gratuitas para relacionar infancia y arquitectura. En A Coruña, los talleres abiertos de la Fundación Barrié enseñan desde medida y proporción (antropometría) hasta a imaginar una plaza como una mezcla de las ideas de todos los participantes.

En Madrid, entre el lunes y el viernes próximos, el ICO organiza cursos gratuitos para acercar la obra del británico David Chipperfield a los chavales de 13 a 17 años. También en Madrid, la escuela finlandesa Arkki, pionera de la educación arquitectónica infantil, ofrece tres cursos gratuitos el 16 de diciembre para niños de 5 a 14 años. El Instituto Iberoamericano de Finlandia está detrás de esta iniciativa. Hay una razón: el arquitecto finlandés más reconocido, Alvar Aalto, obtuvo muchas de sus ideas de sus viajes. Algunas, de un país aparentemente opuesto al suyo, Italia. Con todas ellas domesticó el movimiento moderno. Tras esa lección es fácil comprender lo que el mundo latino y el nórdico pueden aportarse mutuamente. Por eso es preciso empezar desde abajo haciendo pensar a los niños.

Artículo completo en El País

“Todos los niños tienen un talento; solo hay que saber abrir la puerta para que lo saquen”

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“La educación debe estar por encima de todos los gobiernos y de las ideologías”. Esa es una de las máximas de César Bona, uno de los 50 mejores maestros del mundo según el Global Teacher Prize, el llamado Premio Nobel de los profesores. Bona cree que cada niño es un universo y que todos son extraordinarios, con un talento especial. Tan solo es cuestión de descubrirlo y sacarlo. Esa es la principal misión de un maestro, según Bona, quien ha desgranado en una conferencia en Vitoria las claves de su libro La nueva educación. Los retos y desafíos de un maestro de hoy.

Para Bona, ser maestro no implica encajonar a los alumnos dentro de un plan de estudios y obligar a seguir los contenidos que puede establecer el currículo educativo de una manera inflexible. “Los educadores deben adaptarse a los niños y no al revés. Hay que motivarles y estimular su creatividad para que hagan que este mundo sea mejor. Los niños no son solo los adultos del mañana: son habitantes del presente. Subestimamos constantemente a los niños y su creatividad, pero todos tienen un talento; solo hay que saber abrir la puerta para que lo saquen. Y ahí es donde intervenimos los maestros, viendo lo que los demás son incapaces de ver”.
La característica que debe definir a un maestro (entendido como el educador que enseña a niños desde Primaria hasta la universidad) es, sobre todo, actitud. “El maestro tiene que ser cada día un ejemplo para sus alumnos, debe ofrecer su mejor versión para así obtener lo mejor de los niños. Los profesores tienen que ser los primeros en dar el máximo y no poner como excusa de sus posibles limitaciones al sistema. Los docentes somos los primeros en ponernos límites”.

Valentía, mente abierta, humildad, curiosidad y amar el medio ambiente son otros de los rasgos que deben adornar a los docentes. “El maestro es alguien que debe inspirar para la vida. Yo no hago nada extraordinario en el aula, solo me divierto y aplico el sentido común. Debemos educar en proyectos y experimentar, sin miedo a lo que digan los inspectores”

Para Bona, el gran reto de la educación es hacer a los niños “mejores individual y colectivamente”, pero no más competitivos. “Cuando llegas a un colegio conflictivo como maestro tienes dos opciones: o deprimirte o tomar los problemas como retos. Eso es lo que me paso en mi primera experiencia, en un colegio ubicado en un barrio conflictivo de Zaragoza. Todo cambió cuando les propuse a los alumnos que me enseñaran lo que les gustaba lo que sabían hacer. Se convirtieron en maestros del maestro”.

La carga de los deberes

Bona cree que si un maestro cree que algo es bueno para sus alumnos debe hacerlo, “aunque alguien diga lo contrario. Los obstáculos y la incomprensión que se va a encontrar para poner en marcha nuevos proyectos pueden ser muy grandes, pero es fundamental perseverar”.

El tema de cuánto tiempo deben dedicar los niños a los deberes es uno de los debates recurrentes en educación. “Si se carga a los niños con deberes, ¿con qué motivación van al día siguiente a la escuela?”, se pregunta Bona, quien subraya la idea de que “los niños no tienen opción de dejar los estudios. Por eso tenemos que lograr que les guste ir a la escuela. Si después de un día largo en el colegio, salen y se encuentran con más deberes los estímulos decaen. Debe haber tiempo para todo”. Por ejemplo, para la lectura, pero no impuesta. “La lectura es un placer, pero se ha convertido en una obligación para los niños. Cuando a mí me obligaban a leer un libro y después hablar de él perdía su atractivo”.

Sobre la idea de si hay que pagar a los profesores en función del éxito o el fracaso escolar de los centros, Bona es contundente. “Yo cobraría lo mismo porque lo importante es el factor humano por encima de los números. Da igual la educación que recibas, las buenas notas que saques si no sabes respetar al que tienes a tu lado”.

Sobre los castigos, también tiene claro lo que hay que hacer. “En mis primeros años he castigado a muchos niños como maestro y no ha funcionado; solo ha servido para proyectar mi frustración. Hay que hablar con ellos, empatizar y convencerles de que pueden ser un ejemplo para los demás”.
 
Para ver el artículo completo:
Enlace en eldiario.es

El futuro del planeta en París y en nuestras manos

 

Qué espero de la conferencia sobre cambio climático
Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas

 

Durante los casi nueve años que he sido Secretario General, he recorrido el mundo hasta llegar a las líneas del frente del cambio climático y he hablado en repetidas ocasiones con dirigentes mundiales, empresarios y ciudadanos acerca de la necesidad de una respuesta mundial urgente. ¿Por qué me preocupa tanto esta cuestión?

En primer lugar, al igual que cualquier abuelo, quiero que mis nietos disfruten de la belleza y la generosidad de un planeta sano y, al igual que a cualquier ser humano, me apena comprobar que las inundaciones, las sequías y los incendios se están agravando, que las naciones insulares desaparecerán y que innumerables especies se extinguirán.

Como nos han recordado Su Santidad el Papa Francisco y otros líderes religiosos, tenemos la responsabilidad moral de actuar de manera solidaria con los pobres y los más vulnerables, que son los que menos han hecho para provocar el cambio climático y, sin embargo, serán los que sufran en primer lugar y con más intensidad sus efectos.

En segundo lugar, en mi calidad de responsable de las Naciones Unidas, he dado prioridad al cambio climático porque ningún país puede encarar este reto por sí solo. El cambio climático no tiene pasaporte; las emisiones en cualquier lugar contribuyen al problema en todas partes. Constituye una amenaza para la vida y los medios de vida en todo el mundo. La estabilidad económica y la seguridad de las naciones están amenazadas. Solo por medio de las Naciones Unidas podremos responder de manera colectiva a esta cuestión mundial por antonomasia.

El proceso de negociación ha sido lento y engorroso, pero estamos viendo resultados. En respuesta al llamamiento de las Naciones Unidas, más de 166 países, que en conjunto representan más del 90% de las emisiones, ya han presentado planes nacionales sobre el clima en los que se establecen metas. Si se aplican con éxito, estos planes nacionales modificarán la curva de emisiones hasta un aumento estimado de la temperatura mundial de aproximadamente 3 grados Celsius a finales de siglo.

Se trata de un progreso significativo, pero aún no es suficiente. El reto ahora es ir mucho más lejos y más rápido para reducir las emisiones mundiales a fin de que podamos mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 2 grados Celsius. Al mismo tiempo, debemos apoyar a los países para que se adapten a las consecuencias inevitables a las que ya nos enfrentamos.

Cuanto antes actuemos, mayores serán los beneficios para todos: una mayor estabilidad y seguridad; un mayor y más sostenible crecimiento económico; una mayor resilencia a las perturbaciones; un aire y un agua más limpios; una mejora de la salud.

No lo lograremos de un día para otro. La conferencia sobre el cambio climático de París no es el punto final. Debe marcar el suelo, no el techo, de nuestras ambiciones. Debe ser el punto de inflexión hacia un futuro con bajas emisiones y resiliente al clima.

En todo el mundo, la acción contra el cambio climático está cobrando impulso. Las ciudades, las empresas y los inversores, los líderes religiosos y los ciudadanos están actuando para reducir las emisiones y aumentar la resiliencia. Ahora recae en los gobiernos la responsabilidad de lograr en París un acuerdo significativo y vinculante, que establezca normas claras de conducta para fortalecer las ambiciones mundiales. Para lograrlo, los negociadores necesitan orientaciones desde el más alto nivel.

Creo que las tendrán. Los dirigentes del G-20, que se reunieron durante este mes en Antalya (Turquía), dieron muestras de un firme compromiso con la lucha contra el cambio climático. Más de 120 Jefes de Estado y de Gobierno han confirmado que estarán en París, a pesar de las crecientes preocupaciones en materia de seguridad a raíz de los atentados terroristas.

Considero que hay cuatro elementos esenciales para que la cumbre de París sea un éxito: durabilidad, flexibilidad, solidaridad y credibilidad. Empecemos por la durabilidad. París debe proporcionar una visión a largo plazo compatible con una trayectoria de aumento de la temperatura inferior a 2 grados y enviar una clara señal a los mercados de que la transformación de la economía mundial hacia un modelo de bajas emisiones es inevitable, beneficiosa y ya está en marcha.

En segundo lugar, el acuerdo debe proporcionar flexibilidad a fin de que no tenga que ser continuamente renegociado. Debe poder adaptarse a los cambios en la economía mundial y lograr un equilibrio entre el liderazgo que ejercen los países desarrollados y las responsabilidades cada vez mayores de los países en desarrollo.

En tercer lugar, el acuerdo debe demostrar solidaridad, en particular mediante la financiación y la transferencia de tecnología a los países en desarrollo. Los países desarrollados deben mantener su compromiso de proporcionar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020, tanto para la adaptación como para la mitigación.

En cuarto lugar, el acuerdo debe demostrar credibilidad a la hora de responder a las repercusiones del cambio climático, que están aumentado rápidamente. Debe incluir ciclos quinquenales periódicos para que los gobiernos evalúen y refuercen sus planes nacionales sobre el clima en consonancia con lo que requiera la ciencia. París debe incluir también mecanismos sólidos y transparentes para la medición y el seguimiento de los progresos y la presentación de informes al respecto.

Las Naciones Unidas están plenamente preparadas para prestar apoyo a los países en la aplicación de un acuerdo así. Un acuerdo significativo sobre el clima en París servirá para construir un mejor presente y un mejor futuro. Nos ayudará a poner fin a la pobreza; limpiar y proteger nuestros océanos; mejorar la salud pública; crear nuevos empleos y catalizar las innovaciones ecológicas. Acelerará también los avances hacia la consecución de todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por eso me importa tanto el cambio climático.

Mi mensaje a los dirigentes mundiales es muy claro: el éxito en París depende de ustedes. Ha llegado la hora del sentido común, el compromiso y el consenso. Es el momento de mirar más allá de los horizontes nacionales y poner en primer lugar el interés común. Los habitantes del planeta —y las generaciones venideras— confían en que tendrán la visión y el coraje para aprovechar este momento histórico.

http://elpais.com/elpais/2015/11/27/opinion/1448648428_275412.html Continuar leyendo