Entrevista a Jaume Carbonell – Enviado por Jose

La revista Cuadernos de Pedagogía es una referencia importante para los movimientos de renovación pedagógica del país. Su director, Jaume Carbonell, habla de los problemas de la educación en España y sus posibles soluciones.

El tema central de las últimas Jornadas de Psicopedagogía de la UAH ha sido la autoridad. ¿Qué opinión le merece el por ahora proyecto de Ley de Autoridad del Profesorado, que tiene previsto la Comunidad Autónoma de Madrid?

La autoridad es moral y cultural y se gana con el ejemplo y el día día. Y la autoridad ha de combinarse con más participación y democracia. Me parece innecesario regularla por Ley. Pienso que lo que hay que hacer es mejorar el reconocimiento social del profesorado. Por eso me parece un error la ley de la CA de Madrid.

¿Cómo podríamos conseguir que la educación en España pudiera parecerse a la de Finlandia? ¿es posible?

Pienso que son dos sistemas absolutamente distintos, pero hay tres aspectos de los que si deberíamos tomar nota: la selección del profesorado con una nota de corte de 9-, su formación -muy sólida en la teoría y en la práctica-, la autonomía de los centros -hay tanta confianza en el profesorado que no existe la Inspección- y la implicación de la familia como agente educativo.

¿Qué futuro augura a los Consejos Escolares de los centros?

En su momento fueron una gran aportación a la democracia educativa. Pero pienso que les falta vida y dinámica. Quizás habría que experimentar nuevos modelos de promover la participación, en función del proyecto educativo y de la autonomía de cada centro, aspectos que deberían singularizarse más. El modelo hoy por hoy me parece algo rígido y encorsetado.

¿Cree que será posible mejorar la enseñanza de este país? ¿llegaremos a una enseñanza inclusiva, donde se atienda por igual a todos?

Pienso que en los últimos años hemos avanzado en esta dirección: las tasas de escolarización, los refuerzos de todo tipo y la labor del profesorado han contribuido a ello. Aunque la cosa va por barrios y depende de políticas educativas y de los equipos docentes. Pero es evidente que hay que avanzar para evitar la distinta calidad de los centros y el alto grado de fracaso y deserción escolar al término de la ESO.

¿Está usted seguro que la educación inclusiva es un adelanto para los niños que van más “retrasados” o un retraso para los niños con los que se codean?

La investigación y experiencia internacional muestra que no sólo es buena para los que van mal sino para los que van bien. No afecta al nivel educativo y más que “acallar conciencias” contribuye a desarrollar valores como la cooperación, el respeto y la solidaridad que forman parte del patrimonio educativo.

¿Dice algo la pedagogía acerca de la/s jornada/s escolar/es más propicias?

La pedagogía no aporta argumentos definitorios sobre si es mejor la jornada partida o continua; pienso que el debate más importante es cómo se ocupa el tiempo de aprendizaje, con qué ritmo y qué sentido se le da. Le recomiendo la lectura de “Elogio de la educación lenta”, donde se plantea otra noción más cualitativa e interesante del tiempo escolar.

¿Comparte usted la opinión de que muchos de nuestros docentes son esclavos del libro de texto y apenas trabajan basándose en el currículo oficial?

La comparto totalmente. Hay demasiada drogodependencia del libro de texto; y esto hay que evitarlo con las viejas y con las nuevas tecnologías, donde hay el peligro -ya sucede- de reproducir el mismo esquema. La riqueza está en la variedad de materiales que proporciona la cultura, dentro y fuera del aula.

Las elites económicas y políticas generalmente no educan a sus hijos en los sistemas de educación pública. ¿Considera que el deterioro de los sistemas públicos se deba a la dejadez de estas élites, porque su propósito es educar bien a sus hijos y por el contrario que las masas se eduquen poco, con la única función de votar, producir y consumir?

Es cierto, se dan bastantes casos, porque existe hipocresía y una doble moral. Pero pienso que su deterioro depende tanto de las políticas educativas como de la labor de los equipos docentes. Es decir, las buenas o las malas escuelas públicas las hace tanto la Administración como el profesorado.

¿Qué hace falta para renovar la educación de este país?

Primero, buena selección y preparación del profesorado. Más implicación de las familias y otros agentes educativos. Priorizar la educación como inversión de futuro, por esto las inversiones y los esfuerzos siempre serán insuficientes. Al menos hay que mirar que la crisis no afecte a un sector tan estratégico.

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