Una forma distinta de aprender – enviado por Carmen


Más de 4.000 alumnos estudian en seis colegios públicos y privados reconocidos oficialmente pero que enseñan de manera diferente: no imparten asignaturas como tales, ni hacen exámenes. Ponen en marcha de forma generalizada experiencias que otros centros realizan aisladamente.
Amigos y amigas, escuchadme”. La niña de cuatro años que, con la mano levantada y con un leve ceceo, acaba de pedir la palabra tiene perfectamente asumido aquello del funcionamiento democrático. Mientras dura su turno, el resto, sentado en círculo entre libros y paredes llenas de dibujos, escuchará. Saben que no deben hablar todos a la vez, reírse de los comentarios de los demás o dedicarse a una charla particular con el compañero. Cuando ella acabe, otro se levantará a expresar su opinión.

La imagen corresponde a la asamblea de clase con la que los alumnos del colegio público Trabenco de Leganés (Madrid) suelen comenzar la jornada escolar. Pero podría pertenecer a cualquier otro centro educativo que, como el Trabenco, cuelga en su puerta la etiqueta de “enseñanzas alternativas”.
El colegio de Leganés es público, como el Amara Berri de San Sebastián o la escuela de adultos de La Verneda de Sant-Martí (en Barcelona), centro propio de la Generalitat. El también madrileño colegio Siglo XXI tiene concertado infantil, primaria y 1º y 2º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), el gallego O Pelouro, que está igualmente concertado. Y también está la Escuela Libre de Paideia, en Mérida (Badajoz), que tiene homologado sólo el primer ciclo de la educación infantil desde 1999. Estos seis centros educativos, con más de 4.000 alumnos en sus aulas, y reconocidos oficialmente por la Administración, figuran en la base de datos del primer centro documental de Alternativas Pedagógicas que funciona en España, puesto en marcha en el curso 2001-2002. Aparte de éstos, hay otros 10 inscritos en esta base que funcionan también de forma alternativa, pero no están reconocidos oficialmente.
Esta base documental pretende dar a conocer y poner en común formas diferentes de enseñar y de aprender. Una de sus impulsoras, Teresa García, profesora de Ciencias de la Educación de la Universidad de Almería, lo explica: “Queremos crear una red de información porque, salvo círculos reducidos, ni los profesionales ni las personas relacionadas con la educación conocen este tipo de proyectos”. Unos proyectos con elementos comunes en su raíz: aprendizaje activo mediante la investigación; gestión democrática, participativa e igualitaria; funcionamiento asambleario; libre expresión y creatividad; actitud crítica; responsabilidad y solidaridad; valoración de la diversidad
y horarios más flexibles.
García recurre al filósofo Iván Illich y a su obra La sociedad desescolarizada (1971), que critica la escuela tradicional por tres motivos fundamentales: por encorsetar el aprendizaje en un marco especial y temporal concreto; por no supeditarse a las necesidades individuales y sociales; y por homogeneizar y, al mismo tiempo, marcar trayectorias diferentes según el origen y nivel social del alumno.
Las alternativas pedagógicas, continúa su exposición la docente, se alzan contra este “modelo hegemónico”. En muchos casos, según prosigue, surgen de iniciativas espontáneas de unos padres, de unos vecinos o de todo un barrio (un caso claro es el Trabenco en Leganés): “Las familias que llevan a sus hijos a este tipo de centros se muestran contrarios a valores como el individualismo, la competitividad, la mayor importancia a los resultados que a los procesos, o el aprendizaje memorístico y descontextualizado”.
¿Algunos ejemplos internacionales? Summerhill en el Reino Unido, las escuelas democráticas de Estados Unidos, los movimientos de los Sin tierra en Brasil…
García se queja de que, sin embargo, en España ninguna Administración ha elaborado una relación de estas enseñanzas: “Existen archivos sobre experiencias innovadoras [como los de la Junta de Andalucía o del Gobierno vasco, por ejemplo], pero no sobre iniciativas que conciban la educación de manera distinta”.
Las enseñanzas alternativas tampoco poseen un estatus diferenciado, lo que puede suponer un problema a la hora, por ejemplo, de la provisión del profesorado si se trata de un centro público. Porque no siempre el maestro que llega por vía ordinaria cree en el especial proyecto educativo que le ha tocado en suerte.
En este sentido, el equipo directivo del Trabenco pide a la Administración que “establezca los cauces necesarios para optar a centros de estas características”. “No es trato de favor”, se apresura a aclarar, sino la posibilidad de elegir un centro “por su proyecto educativo, como ocurre en compensatoria”. Actualmente, las relaciones entre el Trabenco y la Comunidad de Madrid son buenas, y su claustro permanece estable. Pero sigue preocupando que el equilibrio venga de ententes puntuales más que de un contexto legal bien amarrado.
Los problemas, las dificultades y las experiencias de los distintos proyectos necesitan una puesta en común, insiste Teresa García. Para ello, la base documental de Alternativas Pedagógicas (incluida en el Centro de Documentación Crítica de la Coordinadora de Asociaciones Culturales de Madrid, COACUM) prepara un encuentro en fecha y lugar aún por determinar. La intención es que a este primer acto público le sucedan cursos y seminarios que sirvan “para el debate, el análisis y la discusión”. El número de marzo de la revista de este centro de documentación, El nudo de la red, será un monográfico sobre alternativas pedagógicas.

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