EL JUEGO Y SU IMPORTANCIA PARA LA EDUCACIÓN DEL NIÑO

Alfredo Muñoz Adánez

Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid

Es norma general despreciar aquello que se ignora. El desconocimiento que el adulto tiene del mundo del niño es de tal calibre que le lleva a minusvalorar y despreciar mucho de lo que para el niño es de importancia primordial. De ello se derivan varias consecuencias, todas ellas negativas.

La primera es de carácter general: el alejamiento del mundo infantil y, por tanto, la imposibilidad de comprender al niño y todo cuanto para él es importante. Si no logramos conocer de cerca los intereses del niño y su necesidad de crecimiento continuo, cometeremos muchos errores, algunos de carácter irreversible.

La segunda es no valorar en toda su integridad lo que para el niño significa el juego. El mundo del juego es el mundo del niño. Si olvidamos esto es que no comprendemos nada en relación con la infancia. La mejor manera de comprender la mentalidad y el comportamiento de una persona es penetrar en sus motivaciones y en sus intereses más profundos, y en el niño el juego ocupa el primer lugar.

La tercera consecuencia es la incomunicación que se produce entre el niño y el adulto. El medio más idóneo para comunicarnos con el niño es el juego. Quien haya observado el intento de adultos para comunicarse con el niño, habrá podido comprobar que sólo obtienen éxito aquellos que saben entender lo que el niño necesita en cada momento y que casi siempre consiste en ponerse en su lugar, comprender su mundo, ser capaces de integrarse en sus actividades; en definitiva, saber jugar con ellos.

Estas y otras razones nos deberían llevar a la conclusión de que si los padres desean ejercer una positiva influencia en la educación de sus hijos, han de jugar con ellos; y no sólo en las primeras etapas de la vida, sino también cuando empieza esa fase de inevitable y deseable alejamiento en busca de su propia identidad.

No es exagerado afirmar que el juego es la actividad más seria que puede realizar un niño. La más seria y la más necesaria. Sin embargo, el juego no tiene connotaciones positivas para el adulto. En la mente del adulto se produce una contraposición entre juego y trabajo. El trabajo es lo productivo, el juego lo improductivo; el trabajo es lo positivo, el juego lo negativo; el trabajo es lo que hay que potenciar, el juego lo que hay que controlar. Los padres, máximos responsables de la educación de sus hijos, no tienen hoy por hoy una clara conciencia de la importancia del juego y de las posibilidades que ofrece en relación con la educación de sus hijos. De hecho, deberían preocuparse cuando su hijo no juega, en lugar de hacerlo cuando juega. Otra cosa es la necesaria compatibilidad entre juego y asunción de responsabilidades.

Si repasamos algunas de las afirmaciones de autores que se han parado a reflexionar sobre el juego, encontramos frases tan expresivas como las siguientes: “un niño que no sabe jugar será un adulto que no sabrá pensar” (Chateau); “en el mundo del niño, de confusa sensación, el juego es el todo” (Stevenson); “leer el lenguaje del juego significa leer la mente y el corazón de los niños” (Frank);

El juego es importante no sólo porque lo sea para el niño, ni porque constituya la actividad que llena su vida. Lo es también porque reúne una serie de condiciones que lo hacen indispensable para ayudar a su desarrollo armónico, tanto física como psíquicamente. Por ello, Stern ha podido decir con razón que “el ser humano desarrolla sus facultades naturales por el juego”, y que Schiller haya afirmado que “el hombre no está completo sino cuando juega”, afirmación que es mucho más verdad si la referimos específicamente al niño.

El juego es necesario para que el niño desarrolle destrezas y habilidades de todo tipo, es el medio a través del cual el niño se comunica con sus iguales y es el lenguaje que mejor conoce el niño. En consecuencia, los padres no deberían descuidar este medio para compartir los intereses de sus hijos y, de paso, comunicarse con ellos.

La vida posee una profunda cualidad de irreversibilidad. El momento que hemos desaprovechado, no vuelve a repetirse. Es conveniente, y necesario, que los padres no dejen pasar cada oportunidad que la vida presenta en cada instante. Ni el trabajo ni el desconocimiento son excusas suficientes para no dedicar a sus hijos el tiempo que necesitan para jugar con ellos.

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