O Pelouro – Cuadernos de Pedagogía

O Pelouro es una escuela que no parece lo que convencionalmente nos hemos acostumbrado a entender por tal. Ni por sus espacios, ni por el tipo de niños y niñas que conviven en ella, ni por la forma en que se relacionan entre ellos —independientemente de su edad y de sus características personales—, ni por el tipo de presencia y de intervención de los adultos —ya sean profesores u otros adultos que colaboran con la escuela o que trabajan en ella—, ni por el tipo de actividades que se desarrollan allí, ni por la forma en que transcurre el tiempo, ni por el ambiente que se respira.
Cuando se creó, hace ya veintiocho años, sus fundadores no se atuvieron a ningún estereotipo ni idea preconcebida; simplemente hicieron aquella escuela que pensaban que tenía que ser, aquella que soñaban para todo niño y también para sus hijas. Y fue así como fueron creando y les fue creciendo su escuela: un medio vital y humano, adecuado para que niños y niñas pudieran crecer, en todas direcciones, en todas sus posibilidades y potenciales.
No, no hay desorden. Es otro orden. La armonía que se percibe refleja que aquí el tiempo funciona de otra manera: se dilata o se contrae, se para o se acelera en función de la situación, de la necesidad, del placer, de la oportunidad o de la posibilidad.
Asisten a la escuela unos ochenta alumnos y alumnas, en edades que van de los 2 a los 16 años. De éstos, unos veinticinco son niños y niñas con problemas específicos que entran dentro de lo que ya administrativamente se llama “alumnos con necesidades educativas especiales” (NEE).
Como referente tienen las antiguas escuelas unitarias, auténticas casas escuela. Y creo que algo fundamental de lo que es este centro se entiende mejor a partir de esta idea.
Hay algo que tanto quienes allí trabajan como yo mismo consideramos fundamental sobre esta institución: si bien es importante que pueda conocerse y extenderse una idea de escuela como la que aquí se vive, lo esencial, lo que la sostiene, lo que le da vida y fuerza, lo que se comunica a los niños y niñas en el hacer cotidiano no son las formas, por importantes que éstas sean, ya que reflejan la depuración de las esencias pedagógicas, producto de muchos años de experiencia. Hay algo que va más allá: a la esencia del ser, del existir, de la vida.

José Contreras Domingo
Profesor de Didáctica de la Universitat de Barcelona.

Si quieres leer todo el artículo, lo tienes en este pdf.
O_PELOURO

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