La importancia del profesor – Elsa Punset

Los ‘genes de la inteligencia’ no sirven para mucho si el alumno se topa con un mal profesor. Así lo acaba de poner en evidencia un grupo de psicólogos estadounidenses tras llevar a cabo un estudio con gemelos.

De hecho, su directora, Jeanette Taylor, de la Universidad de Florida (Estados Unidos), ha reconocido que “los genes son importantes para explicar las diferencias en los logros de los alumnos con lectura, pero también lo es la enseñanza eficaz”.

La habilidad para leer con soltura es crítica “y los niños que fracasan con ella es más probable que obtengan un mal rendimiento en el colegio, además de más posibilidades de cometer actos delictivos en la adolescencia y juventud. Todo ello tiene un coste para la sociedad”, reza el trabajo, publicado en el último ‘Science’.

Y esta habilidad “está influenciada por los genes y por el medioambiente: familia y profesorado. Sin embargo, la importancia de la calidad de los maestros a la hora de obtener todo el potencial de sus alumnos es un hecho que se ha investigado poco”, insiste la doctora Taylor.

En su trabajo, titulado ‘La calidad de los profesores modera los efectos genéticos en la lectura precoz’, han participado 280 hermanos gemelos homocigóticos o idénticos (que comparten el 100% de los genes) y 526 dicigóticos (50% de los genes) que cursaban primero y segundo de primaria (6-7 años) en distintas clases. A todos ellos se les realizó el test ‘Fluidez Lectora Oral’ (ORF, sus siglas en inglés), el cual permite evaluar la habilidad lectora. Asimismo, y para comprobar la ‘calidad del profesorado’, se evaluaron los exámenes realizados (al inicio del curso y al final) por los compañeros de todos los hermanos, para ‘crear’ así una ‘medida’ que estimara la calidad de los maestros.

“Si al final de curso, los resultados de la evaluación de la lectura mostraban que la media de la clase obtuvo mejores notas que al inicio del mismo, pensamos que debía atribuirse a que el maestro era de alta calidad. Y, al contrario, asumimos que las clases con peores calificaciones a lo largo del año tenían un mal profesor. Este análisis se realizó de forma independiente de los logros obtenidos por los alumnos gemelos”, explican los autores.

No perder oportunidades
Los datos evidencian que los gemelos con altas puntuaciones en el test ORF al inicio del curso, pero que pertenecían a la clase con una media de puntuaciones más bajas a final de curso, habían desaprovechado su potencial ya que sus puntuaciones finales también fueron bajas. “Este es el primer trabajo que constata que los profesores tienen una influencia en la variabilidad genética de sus alumnos, lo que indica que se pueden adoptar medidas para que los menores alcancen todo su potencial. La lectura no se puede desarrollar de forma óptima si no se proporcionan buenas instrucciones”, explica la autora principal del ensayo.

Pese a todo, los psicólogos estadounidenses reconocen que “la capacidad lectora también puede estar influenciada por otros factores, como el medio físico donde se dé la clase, los compañeros, los recursos de los que se disponen, entre otros”, aclaran los autores.

Los estudios gemelos pueden dibujar “la etiología del rendimiento en lectura, y este trabajo en particular, demuestra la interacción entre profesor, calidad y genética. Lo que evidencia cada vez más la importancia del docente en la carrera de un niño. Colocar a buenos maestros en las aulas no eliminaría la variabilidad entre los estudiantes ni garantizaría que todos alcancen los mismos buenos resultados, pero ignorar que los profesores contribuyen al desarrollo de las habilidades de los niños es una oportunidad perdida para promover el potencial de los chicos y chicas en las escuelas, así como para que alcancen el éxito en sus vidas”, recuerda la investigadora de la Universidad de Florida.
-Artículo publicado en El Mundo-

Este artículo me ha recordado una anécdota que me contaban hace unos días: un prestigioso diplomático finlandés, al que le preguntaron durante una cena cómo había llegado a ejercer su profesión, contestaba: “Quería ser maestro, pero no logré superar los exámenes de entrada y terminé siendo diplomático.”
Cada día disponemos de más datos concretos y medibles acerca del papel crucial de los factores ambientales en nuestras vidas, más allá incluso de nuestras circunstancias y de nuestra genética. Uno de los elementos claves en los primeros años de vida de las personas es sin duda la figura del profesor, como vuelve a poner de manifiesto este reciente estudio de la Universidad de Florida, que afirma que una labor docente deficiente debilita una buena disposición genética y cultural del alumno, y al revés.
Claro que la importancia del impacto del entorno en el desarrollo de las personas resulta intuitivamente evidente: de hecho casi todos recordamos, con agradecimiento o con dolor, algún profesor de nuestra infancia que dejó una huella inesperada, para bien o para mal. Pero celebro que estemos empezando a desarrollar formas concretas de medir y de reconocer en su justa medida el impacto incuestionable de la labor del profesor en el aula, no solo en lo académico, sino también en el desarrollo social y emocional del niño.
La aplicación rigurosa de estos conocimientos en la formación y en la labor docente implicará un cambio fundamental y trascendente en la vida de nuestros niños y jóvenes. Será uno de los cambios más esperados y también más necesarios si queremos lograr una sociedad justa, que reconozca y fomente no solo el bienestar físico, sino también la salud social y emocional de sus ciudadanos.

Elsa Punset

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