Eduquemos a florecer

Pregunta: ¿Cuál es la mejor forma de preparar a nuestros jóvenes para el futuro?

1.Enseñándoles a fortalecer su memoria.
2.Enseñándoles a fortalecer sus debilidades.
3.O enseñándoles a desarrollar sus fuerzas natas.

Pues de acuerdo al Dr Martin Seligman de la Universidad de Pennsylvania, la mejor forma de preparar a nuestros jóvenes para el futuro es enseñándoles a desarrollar sus fuerzas natas.
En su último libro que se llama “Flourish” o sea florecer, cita un estudio que viene desarrollando durante los últimos 20 años, el programa se llama “Penn Resiliency Project” o sea El Programa de Resiliencia de La Universidad de Pennsylvania. Originalmente el programa fue creado para enseñar a los jóvenes como enfrentar la depresión.
¿Por que es importante la resiliencia entre jóvenes? Resulta que en los últimos cincuenta años la depresión juvenil se ha disparado a niveles epidémicos. Hoy es diez veces mas común entre jóvenes de lo que fue hace cincuenta años y, lo que es más preocupante, la edad promedio en la cual la gente empieza a presentar síntomas de depresión ha disminuido ¡de los treinta a los catorce años! Hoy más del 20% de los alumnos reportan haber tenido algún episodio de depresión antes de haber concluido el bachillerato.
Se me hace criminal que la adolescencia feliz de nuestros jóvenes se vea amenazada por una serie de practicas educativas que descuidan o aun peor, no contemplan el desarrollo de la autoestima.
Entonces, de regreso al programa. Su objetivo es enseñar a los jóvenes aprender a enfrentar los retos de la adolescencia a través de la resiliencia y el optimismo. Dentro del curriculum del programa se les enseña a ser mas asertivos y creativos, y cómo relajarse para enfrentar los acontecimientos de la vida con mayor sabiduría.
La gran noticia es que se ha encontrado que los jóvenes que han pasado por este entrenamiento se han convertido en personas más realistas y flexibles que enfrentan mucho mejor los pequeños y grandes retos de la vida.
El secreto está en fortalecer el carácter, enseñarles como relacionarse mejor con los demás y desarrollar el sentido de que la vida vale la pena.
Hagamos un pequeño ejercicio. Veamos si lo que enseña la escuela responde a lo que deseamos para nuestros hijos. ¿Qué enseña la escuela? Pues enseña habilidades para poder ser competitivos en el ambiente laboral, como el pensamiento critico, matemáticas, disciplina, obedecer, llegar a tiempo, pasar exámenes. ¿Y qué deseamos para nuestros hijos? ¿Es lo mismo? ¡Pues NO! Resulta que lo que queremos para nuestros hijos es que sean felices, que tengan valores, que su vida sea plena, que tengan confianza en si mismos, que sean buenos seres humanos, que encuentren su vocación y que estén rodeados de amor.
Ahora, los dos conceptos no están peleados. Es necesario adquirir destrezas que nos ayuden a ser competitivos, pero el punto de partida debe ser otro. Primero hay ser un gran ser humano antes de aspirar ser un gran ejecutivo.
Fíjense en los ejercicios que les ponen a los chicos. Hay van dos:
El primero se llama “Tres cosas positivas”. En este les ponen a escribir diariamente durante tres semanas tres cosas positivas que les sucedieron durante el día, como “contesté un pregunta súper difícil en la clase de mate” o “me invitó a salir el chico que me gusta”. Después de identificar cada evento positivo les piden que respondan a las siguiente preguntas: ¿Por qué crees que sucedió esto bueno en tu vida? ¿Qué significa para ti? ¿Como puedes hacer de aquí en adelante para generar más cosas como estas?
El segundo ejercicio tiene que ver las fortalezas de carácter. Resulta que a través del estudio de las grandes culturas se han identificado 24 fortalezas de carácter que parecen ser universales. Y se les pone a los jóvenes a hacer un ejercicio para identificar cuales son las suyas. El estudio consiste en una batería de preguntas sobre fortalezas de carácter entre las cuales destacan virtudes como auto control, honestidad y autenticidad, creatividad, perseverancia, valentía, liderazgo, prudencia y sentido del humor, entre otros. Por ejemplo, una pregunta para medir el autocontrol es: “controlo mis emociones”. Y a ello el joven responde de acuerdo a como se ve a si mismo; eso se parece mucho a mi, algo a mi, neutral, poca a mi, o nada a mi. Y en base a un algoritmo procesan todas las respuestas y ordena sus fortalezas empezando con la más significativa.
Ahora, después de identificarlas poner a los jóvenes a utlilizarlas tanto como sea posible en sus actividades escolares, personales y sociales.
Además, el curso incluye varias sesiones que se enfocan en el desarrollo e identificación de las fuerzas características en ellos mismos, en sus amigos y en personajes históricos, para que aprendan a identificar como estas fuerzas son importantes para enfrentar y superar obstáculos en la vidas.
Entonces, específicamente, ¿cuál ha sido el resultado del curso? Pues estos chicos han florecido. Han fortalecido su curiosidad y el amor por aprender fomentado su interés y participación en la escuela.
Otro resultado fundamental del curso ha sido que ha ayudado a estos jóvenes a mejorar su destreza social. Muestran hoy más autocontrol al mismo tiempo que se vuelven más asertivos, empáticos y cooperadores.

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