Programa “Educación Responsable” – El Diario Montañés

La Inteligencia Emocional previene riesgos como la violencia o consumo de drogas y alcohol en los niños y adolescentes, pero también incide en su crecimiento positivo y bienestar personal y social, «haciendo que sean menos vulnerables». El programa de Educación Responsable de la Fundación Botín amplía su acción y plantea ya la creación de una Red de Centros en Cantabria. Fátima Sánchez, directora del Área de Educación de la Fundación, cuenta cómo se trabajan las emociones en las aulas.
¿Cómo explicaría en pocas palabras la esencia del programa de la Fundación?
Se trata de un programa innovador y pionero que ha demostrado ser una vía para mejorar la calidad de la enseñanza. Desarrollado por la Fundación Botín, en colaboración con la Consejería de Educación, favorece el crecimiento físico, emocional, intelectual y social de las personas, promueve la comunicación y mejora la convivencia en los centros escolares a partir del trabajo con docentes, alumnado y familias.
Este programa ¿diría que enseña a sentir?
Más que enseñar a sentir, hace sentir y vivir de forma más consciente y positiva, facilitando el desarrollo de capacidades que nos ayudan a vivir y sentir y a superar situaciones complicadas que se pueden presentar en nuestra vida, tanto de niños como de adultos.
¿Hubo reticencias y prejuicios iniciales por parte de educadores y padres ante la propuesta?
No. La verdad es que el programa se desarrolla de manera totalmente voluntaria en aquellos centros que lo solicitan, de tal forma que se pone en marcha en aquellos que muestran interés y ya tienen motivación. Además, el proceso de implantación ha sido progresivo, poco a poco educadores y padres se han dado cuenta de la cantidad de beneficios que aporta el programa al centro educativo, al alumnado y a ellos mismos. A los niños les encantan estas actividades porque les permiten pensar y hablar de quiénes son, cómo se encuentran, qué sienten y cómo se relacionan con los demás. Son temas a los que en ocasiones no están muy acostumbrados a dedicarle tiempo y cuando se hace lo disfrutan muchísimo. Agradecen que se les ayude a comprenderse y a confiar en sí mismos y a escuchar y comprender a los demás. Se les ayuda a desarrollar su autocontrol, a tomar decisiones de forma responsable y aprenden a decir no, pero sin causar conflictos. Son cosas muy útiles que proporcionan bienestar personal y social, nos ayudan a ser más felices. Además, a través de las artes se potencia su creatividad e imaginación. Disfrutan asistiendo a un concierto, a una exposición o creando su propia obra.
Y los profesores, ¿qué papel juegan?
También los docentes se benefician de toda la formación que reciben, no sólo para trabajar mejor con los niños, sino para desarrollar sus propias competencias personales y sociales. No se puede enseñar a un niño lo que uno mismo no sabe. El programa facilita las relaciones y la comunicación, así que la convivencia en el centro mejora, entre otras cosas. Sí puedo decir que durante la aplicación intensiva del programa hubo momentos duros, como en cualquier trabajo. Que sea bonito y necesario no quiere decir que no sea difícil. Su integración en las aulas requiere mucho trabajo y dedicación por parte de los docentes y necesita contar con el apoyo y participación de las familias para que funcione.
¿Dónde radican los principales problemas del proceso?
No los llamaría problemas. Sin embargo sí hay algunos aspectos que tenemos muy en cuenta y que ayudan a que el programa se lleve a cabo de forma satisfactoria y cumpla sus objetivos: la colaboración institucional, el programa cuenta con el apoyo de la Fundación Botín Educación, la UC y otras instituciones especialistas en el desarrollo de recursos educativos, «la unión hace la fuerza»; la voluntariedad en la participación, estos temas no pueden trabajarse de forma obligada; el largo plazo, necesitamos que un niño desarrolle estas capacidades a lo largo de su vida, desde los 3 a los 16, al menos en el ámbito escolar (no se puede lograr en un trimestre o en un año); la formación, el seguimiento y atención continua y la evaluación de las acciones para comprobar los resultados.
¿Y hay tiempo?
A pesar de la falta de tiempo que a veces hay en los centros educativos, con demasiadas actividades por realizar, intentamos facilitar la labor del docente ayudándoles a integrar estas actividades en sus asignaturas y tutorías. Se puede trabajar la comprensión lectora con un libro que al mismo tiempo nos permita identificar las emociones de unos personajes y como conclusión reflexionar sobre las mías propias. El desarrollo de las actividades en el aula requieren otro tipo de metodologías, más cooperativas. A veces los docentes temen que los niños se alboroten demasiado porque las actividades son muy participativas, pero el propio material del programa explica claramente las técnicas que nos pueden ayudar a sacar el máximo partido y a conseguir los objetivos, mientras el niño está jugando y disfrutando.
Inteligencia emocional y social. Algunos dirán que es lo de toda la vida. ¿No significa devolver la comunicación, la cercanía, el diálogo y el respeto a las aulas?
Sí, es eso. O al menos eso es lo que finalmente se consigue. Suelo decir que no hemos inventado la pólvora, que el programa trata temas que los docentes siempre han trabajado y que siempre les han preocupado. Sin embargo se hace de una forma consciente y explícita, esto es muy importante porque las investigaciones han demostrado que es la forma de que un niño aprenda y adquiera una habilidad: enseñándole a hacerla, practicándola, no sólo explicándole que debe ser respetuoso o entender a su compañero sino permitiéndole que él mismo lo haga, lo sienta y lo viva, siendo consciente de ello. No podemos evitar sentir, las emociones están con nosotros queramos o no e influyen en lo que pensamos y hacemos. Todo va junto, así que tenemos que aprender a identificarlas, entender cómo nos sentimos y cómo lo hacen los demás, para poder expresarlas y regular nuestro comportamiento de la mejor forma posible. Ser conscientes de cómo nos sentimos puede ayudarnos mucho en nuestra vida diaria. Por ejemplo, el alumnado que ha participado en el programa durante tres años ha conseguido no sólo comprender mejor sus emociones sino ser capaces de reparar sus estados emocionales negativos, de tal forma que son capaces de reponerse y sentirse mejor cuando algo no va bien.
¿Quizás todo se reduzca a saber escuchar?
La escucha activa es importante pero hay muchas más variables involucradas en este proceso de crecimiento emocional, intelectual y social.
Los más funcionales y pragmáticos le preguntarían ¿en qué se manifiesta el sentido práctico de la Educación Responsable?
En que al final seamos personas más autónomas, libres, competentes (tanto académica como emocional y socialmente), solidarias y felices. Que podamos desarrollar de forma plena nuestro talento creativo, aportando cosas positivas no sólo a nosotros mismos sino también a nuestro entorno y, en definitiva, a la sociedad.
En este más que hipotético crecimiento y consolidación de la Red de Centros, ¿no temen cierta burocratización del proyecto?
Precisamente para evitar esto hemos trabajado duro durante el último año con Educación, los centros y la UC. El trabajo realizado hasta el momento, en el proyecto experimental desarrollado, ha sido muy cercano y muy directo con los docentes y las familias. Cuando hablamos de emociones, de comunicación y de relaciones sociales no podemos ser distantes. Para la extensión del programa a muchos más centros y alumnado hemos construido Educación Responsable Online, una plataforma en la que se accede a todos los recursos educativos y la formación necesaria para aplicarlos, pero de una forma semi-presencial. Hay cosas que pueden hacerse online pero seguimos apostando por momentos de formación presencial y por el trabajo en equipo. Para ello se ha puesto en marcha la Red.
¿Recuerda alguna frase o confesión transparente y explícita de docente/alumno/familiar sobre lo que ha supuesto para ellos el programa?
Por supuesto, muchísimas a lo largo de estos últimos años. Los docentes hablan de un esfuerzo que merece la pena y que notan cómo sus alumnos se comunican mejor, son más pacientes y más conscientes de sus capacidades. Estos datos están también reflejados en la evaluación pedagógica realizada por la UC. Recuerdo directores que me dicen que perciben una mejor convivencia en el centro. En una ocasión, en una actividad creativa en la Fundación, un alumno me dijo que él no tenía ninguna cualidad, charlamos un rato y resultó que él mismo empezó a encontrar y ser consciente de un montón de cosas que hacía muy bien. Los padres empiezan a fijarse en cosas más positivas de sus hijos y en potenciarlas. A veces sin darnos cuenta damos lo bueno por normal y nos centramos demasiado en los aspectos negativos de las cosas y de las personas. Los alumnos disfrutan teniendo la libertad de crear (pintar, dibujar, escribir, construir zapatos…) y en este proceso aprenden mucho de sí mismos y de sus compañeros. Les encanta trabajar en grupo.
Encargamos un vídeo para ofrecer a otras personas la posibilidad de ver un poco qué se hacía en este programa. Una niña en una de esas entrevistas dijo que lo que hacía le ayudaba a ser feliz.
¿Qué respuesta y expectación ha creado el proyecto de la Fundación en otras comunidades del Estado?
Hay una respuesta muy positiva, tanto en España como en el extranjero. El programa es pionero por diversos motivos, entre ellos que trabaja no sólo la inteligencia emocional y social sino que también promueve la creatividad. Además, todo lo que se ha llevado a cabo ha sido evaluado de forma externa por dos equipos de investigadores de la Universidad. En general este tipo de iniciativas no se miden porque es complicado hacerlo. Los resultados han sido muy positivos, mejorando la inteligencia emocional de los niños, la comunicación y disminuyendo la ansiedad del alumnado. Es también innovador en este ámbito ya que la intervención no es realizada por profesionales (psicólogos, etc.) sino que todo lo conseguido ha sido gracias al trabajo, formación e implicación de los docentes. Esto es muy importante.
¿Se pueden gestionar las emociones?
Por supuesto que sí. En eso consiste la inteligencia emocional, en identificar y comprender nuestras emociones y las de los demás, para expresarlas y regularlas de forma adecuada, facilitando nuestro bienestar y las relaciones con los otros.
¿Contempla los afectos como una herramienta educacional?
Lo afectivo está en las personas, las emociones son universales, por lo tanto en todos los ámbitos, en el educativo también, tenemos que ocuparnos de ellas para que puedan ayudarnos a ser competentes y capaces no sólo en el ámbito afectivo sino también en el intelectual, académico, social, etc.

La educación emocional y social ha entrado en octubre en las aulas de 16 centros de Cantabria después de una experiencia piloto en tres colegios que ha demostrado su impacto positivo en la convivencia, en la comunicación entre alumnos y profesores y en los resultados académicos.
La red estará formada este año por cuatro centros de Santander (los públicos Cabo Mayor-Valdenoja y María Sanz de Sautuola y los concertados Esclavas y Salesianos) y cinco de Torrelavega: los concertados Sagrados Corazones, Mayer y Nuestra Señora de la Paz y los colegios públicos Pintor Manuel Liaño y Pintor Escudero de Tanos.El resto se reparte por la región: C.P Miguel Hernández (Castro), IES Marismas (Santoña), Portus Blendium (Suances), C.P Marzán (Cuchía, Miengo), C.P Benedicto Ruiz (Ajo, Bareyo) y C.P Marcial Solana (La Concha).

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