Una escuela en crisis – El País



Muchos padres ven que algo falla, dice el experto británico Richard Gerver, aunque no sepan identificar muy bien qué es, así que cada vez más familias se desvelan, se devanan los sesos y hacen todo tipo de pesquisas para elegir colegio. Y lo cierto es que, a pesar de las apariencias, las ofertas más innovadoras están muchas veces en centros públicos, pero dispersas y sujetas a las voluntades de profesores individuales, a merced de la pura casualidad.
“Creo que tenemos gente suficiente en la educación que entiende los retos y cambios necesarios para crear el sistema que precisan nuestros hijos, pero se ven obstaculizados por la burocracia del día a día y por la intervención política. Necesitamos más confianza en la profesión y más compromiso con la investigación y el desarrollo profesional”, continúa Gerver. Y añade: “En muchos países industrializados estamos atascados en las formas tradicionales de enseñanza, en las que solo se juzga a los alumnos por su capacidad para retener y repetir los conocimientos”.
“O la escuela se adapta y responde a las nuevas exigencias y posibilidades de la sociedad del conocimiento, en particular a las que plantean y abren las redes y los nuevos medios sociales, o se tambaleará”, sostiene Fernández Enguita. “La escuela que más rápidamente crece en EE UU es el home schooling [los padres se encargan directamente de la educación de sus hijos]”, continúa.
Empezar a leer más tarde o más pronto, con o sin libros de texto, poniendo la música y la educación física en el centro del sistema… Todas esas opciones diferentes siempre han estado ahí, llenando huecos marginales de la oferta educativa. Sin embargo, las evidencias del examen PISA “no apoyan la idea de que las escuelas alternativas tengan sistemáticamente mejores resultados”, dice el director del informe PISA, Andreas Schleicher. “Por lo tanto, no creo que la cuestión de España sea el número de escuelas privadas, sino cómo conseguir que todas las escuelas —públicas y privadas— asuman el nivel de innovación y de iniciativa de los mejores del mundo. Hacer eso requiere la reforma de los contenidos y de la evaluación; nuevas estrategias para elegir al profesorado; el liderazgo en las escuelas y la integración de las tecnologías que permiten a los individuos crear, adaptar y compartir los contenidos”, explica Schleicher.
Desde el principio, el informe PISA, que arrancó en el año 2000, se ha centrado en la idea de medir no conocimientos sino competencias: lo que los alumnos son capaces de hacer con los conocimientos. Unas competencias que, aunque están presentes en la Ley de Educación de España (LOE) desde 2006, hay muchos profesores que no se las creen. De hecho, hay voces, que, como la del profesor de secundaria y autor del Panfleto antipedagógico, Ricardo Moreno, consideran que el problema en realidad es el contrario, es decir, que en el camino de adaptar la escuela a ciertas corrientes (modas) pedagógicas se han perdido los valores fundamentales y clásicos de la escuela.
El presidente del Consejo Escolar de Madrid y exsecretario general de Educación con los Gobiernos del PP, Francisco López Rupérez, sí habla de competencias, pero siempre con mucho contenido. “El debilitamiento de los contenidos que ha acompañado en nuestro país durante las dos últimas décadas, la idea de democratización de la educación, partía de un supuesto pedagógico falso y es corresponsable de la situación que padecemos. En una sociedad del conocimiento hemos de recuperar, desde la escuela, el valor ilustrado del conocimiento y sus virtudes anejas sin las cuales no pueden florecer, de un modo sistemático, ni los descubrimientos científicos ni las creaciones tecnológicas ni las innovaciones efectivas”.
Todos estos debates han ido calando en la sociedad en general, y en los padres, en particular, sedimentándose de maneras muy diversas que reflejan el verdadero problema político: cuando varias personas reclaman una buena educación para sus hijos pueden estar pidiendo cosas muy distintas. Se puede estar pidiendo esa vuelta al modelo tradicional, ya que el actual no tiene “ningún nivel de exigencia”. O que la escuela transmita a sus hijos los valores y actitudes de buenos ciudadanos. O que, más que valores, permita una integración exitosa de sus hijos en la sociedad.

Lee el artículo completo en:
http://politica.elpais.com/politica/2011/11/04/actualidad/1320440004_523065.html

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