Es un mito que las Matemáticas enseñen a pensar – John MacBeath

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Los alumnos son como las flores. Evaluarlos constantemente equivaldría a sacarlas constantemente del tiesto y examinar sus raíces para comprobar si están creciendo. Este clarificador símil sirve al experto John MacBeath para ilustrar que “el exceso de exámenes puede ser destructivo”. Profesor emérito de la Universidad de Cambridge y consultor internacional, expone con contundencia su disconformidad con algunas de las tendencias dominantes en el panorama educativo. Como por el ejemplo, el refuerzo del estudio de las Matemáticas, al que se opone. “Si el objetivo es enseñar a los alumnos a pensar, entonces hay que enseñarles habilidades especialmente diseñadas para ello, como la Lógica o la Filosofía” –asegura–.

¿Cómo tiene que ser el profesor del futuro?

Un buen profesor tiene que estar abierto al cambio. Debe tener la voluntad de aceptar siempre nuevo conocimiento y cuestionarse constantemente sus propias ideas y métodos de enseñanza. También tiene que estar dispuesto a evaluar la calidad del aprendizaje de los alumnos: comprobar hasta qué punto están aprendiendo, y cuál es la conexión entre sus enseñanzas y lo que ellos aprenden.

¿En qué dirección tendrían que dirigirse las políticas educativas para propiciar esta actitud en el profesorado?

Los políticos creen que son los que más saben y no escuchan a los expertos. Muy pocos gobiernos están haciendo las cosas bien, así que no conviene esperar demasiado de las actuales políticas gubernamentales. En Reino Unido, por ejemplo, el gobierno actual está empecinado en mirar al pasado. Se empeña en que la escuela tiene que ser como medio siglo atrás, cuando, supuestamente, los alumnos se portaban bien, aprobaban exámenes y aprendían grandes batallas, y nombres de montañas y ríos. Eso es un gran mito, simplemente la escuela no era así, y hay que preguntarse, además, hasta qué punto todo aquello resulta relevante en el contexto en el que hoy crecen los jóvenes.
Existe un abismo entre lo que los currículos y los gobiernos prescriben, y la realidad de la vida de los niños dentro y fuera del aula.

¿Algún ejemplo de un gobierno que sí lo esté haciendo bien?

Por ejemplo, en Nueva Zelanda están introduciendo cambios positivos en los currículos, y se están replanteando la idea del aprendizaje y la enseñanza. Eso es bueno, pero, por otro lado, también siguen como el resto de países, atrapados en una dinámica competitiva global, comparándose en continuas evaluaciones con los países de su entorno como Australia, Singapur o Hong Kong, cuando los métodos que se usan en esos exámenes no son capaces de mostrar el aprendizaje de los niños. Todavía no se ha conseguido encontrar un método adecuado para evaluar el aprendizaje de los alumnos de manera más profunda.

Usted es muy crítico con el estudio de las Matemáticas en la escuela. Cuénteme por qué.

No digo que no haya que dar clases de Matemáticas, pero todavía nadie ha podido darme una respuesta convincente de por qué los alumnos tienen que estudiar tantas horas de esta materia a lo largo de su trayectoria escolar. Entiendo que en Primaria se estudien las bases de la Aritmética, eso es muy necesario, pero al pasar a Secundaria, muchos estudiantes tienen problemas horrorosos con la Trigonometría o el Álgebra. Y esto ocurre especialmente en los contextos más deprimidos. Muchos de esos alumnos pierden el interés por el instituto por culpa de esta materia, que considero que a esas edades debería ser opcional.

Pero las Matemáticas enseñan a pensar…

Ése es un gran mito. Si quieres que los niños aprendan a pensar, enséñales habilidades para pensar como la Lógica o la Filosofía. La verdad es que creo que el gran interés en continuar fortaleciendo la asignatura de Matemáticas tiene que ver con que existe un fuerte lobby de profesores cualificados en esta materia, que no quieren perder el empleo.

¿Cómo hacer para superar el gran abismo entre lo que ocurre fuera y dentro del aula?

Existe ese abismo porque las escuelas en estos últimos años han cambiado muy poco. La experiencia de los alumnos fuera del aula es muy distinta a la de hace diez o veinte años. Los niños pasan hasta 1.900 horas navegando en Internet frente a las 900 horas que dedican a la escuela. Es en ese entorno virtual donde generan conocimiento y comparten ideas e información. Ése es su hábitat. Pero cuando llegan a clase, el profesor les dice “siéntate, calla, y escucha”. Por supuesto estoy generalizando, también hay muy buenos profesores que se preocupan por crear un clima de aprendizaje compartido. Docentes que, por otro lado, lo tienen muy difícil porque se les obliga a seguir las nefastas políticas gubernamentales. Hay que intentar no acatar demasiado esas normas y buscar nuestros propios espacios de actuación.

¿Puede cambiar la educación si no se cambian los currículos?

Tendría que producirse un cambio en los currículos, no puede ser que enseñemos lo mismo que treinta años atrás. Hay muchos profesores convencidos de ello que tendrían que luchar para hacer oír su voz, asociándose con otros docentes, por ejemplo, a través de sindicatos. También es importante tener en cuenta que para que se nos escuche es muy conveniente tener a los padres de nuestro lado. Aunque es cierto que esos padres todavía esperan que la escuela sea igual a la que ellos fueron. Estamos atrapados entre las expectativas de lo que unos y otros piensan que tiene que ser la escuela, pero hay que intentar encontrar nuestro propio espacio.

Usted ha trabajado mucho en el campo de la autoevaluación en el aula. ¿En qué consiste exactamente?

Cuando hablo de autoevaluación me refiero a cómo evaluar y reflejar constantemente la calidad del aprendizaje y la enseñanza. Lo que incluye que los alumnos opinen de los métodos de los profesores y reflexionen sobre lo que han aprendido.

¿Los docentes están preparados para este tipo de autoevaluación?

Por supuesto. Recientemente he trabajado en Hong Kong en el diseño de un sistema de autoevaluación, y la respuesta por parte de maestros y alumnos ha sido excelente.

Un concepto que no hay que confundir con “evaluación”…

Claro, no tiene nada que ver con hacer más exámenes. De eso los alumnos ya van sobrados.

La nueva Ley de Educación en España introducirá nuevos exámenes y reválidas después de las distintas etapas. ¿Qué opinión le merece?

Está ocurriendo en muchos países del entorno OCDE por esa obsesión de tener que mostrar resultados internacionalmente. En Inglaterra, actualmente los niños hacen evaluaciones externas desde, ni más ni menos que los 3 años, y luego también a los 5, a los 7, 11, 13 y 17. Es una barbaridad. A los 11 años los alumnos directamente dejan de aprender, porque pasan solo a practicar para el examen. Hasta el gobierno se ha dado finalmente cuenta de que es necesario reducir el número de evaluaciones.

En la reforma educativa también se quiere otorgar más poder a los directores de los centros educativos. ¿Qué opina?

Las investigaciones señalan la importancia de que los centros cuenten con un buen liderazgo, pero también se indica que otorgar excesiva capacidad de decisión a un solo individuo puede ser desalentador para el resto del equipo, pues de esta manera dejan de implicarse en su trabajo y delegan la responsabilidad en el otro.

Cuantas más decisiones puedan tomar los profesores, más oportunidades tendrán para crecer. Los buenos directivos saben dar voz a sus profesores y estudiantes, y están siempre dispuestos a aprender de los demás.

Actualmente está desarrollando una investigación en Ghana. ¿Qué nos pueden enseñar países como Ghana?

Pues precisamente se están produciendo muchos avances en la cuestión del liderazgo. Los directores están creando un clima mucho más colaborativo en los centros. Venían de una cultura muy jerárquica que generaba mucho absentismo entre el profesorado, pero ahora se les ha dado más capacidad de decisión, y se sienten mucho más motivados e implicados en su trabajo. Es importante siempre observar los ejemplos de otros países para aprender. Lo que no significa que haya que copiarlos tal cual. Sería un gran error copiar lo que se hace en Inglaterra. Hay que mirar, aprender, pero nunca copiar.

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