Pedagogía en el Congreso

GRA091. MADRID, 13/01/2016.- La diputada de Podemos Carolina Bescansa llega con su bebé al hemiciclo del Congreso donde hoy se celebra la constitución de las nuevas Cortes Generales emanadas de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, que supone la apertura de la XI Legislatura. EFE/Sergio Barrenechea

GRA091. MADRID, 13/01/2016.- La diputada de Podemos Carolina Bescansa llega con su bebé al hemiciclo del Congreso donde hoy se celebra la constitución de las nuevas Cortes Generales emanadas de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, que supone la apertura de la XI Legislatura. EFE/Sergio Barrenechea

 

Carolina ha llevado a su hijo Diego dos veces al Congreso.
Y no porque Diego quiera ser político.
Al menos no todavía.
Diego tiene seis meses.
Carolina Bescansa es secretaria de análisis político y diputada de Podemos.
Y madre.
Familia y profesión.
Vida privada y laboral.
Carolina y Bescansa.
Una dualidad con el ánimo bien alto: Claro que puedo.
Aunque no nos lo pongan nada fácil.
Porque nos han expoliado el tiempo.
De la manera más violenta que existe: pagando por ello.
Así que solo tenemos dinero.
Y un día a la semana.
Dinero para pagar a otros para que críen a nuestros hijos.
Dinero para que no les falte de nada.
Aunque les faltemos nosotros.
Parece que a algunos no les ha interesado la conciliación.
Prefieren que las mujeres se arranquen los hijos de los pechos, se pongan trajes de falda chaqueta y sigan produciendo.
O que se queden en casa, claro.
No hay nada más injusto que hacer decidir a alguien.
La bolsa o la vida.
Ninguna de las dos.
Hablar de que toda mujer tiene derecho, o no, a tener un hijo es tremendamente irrespetuoso.
Porque tal afirmación presupone que cabría la posibilidad contraria.
Y es algo tan intrínseco que la sola mención sin ser la implicada ya debería producir pudor.
Hablar de que toda mujer tiene derecho, si quiere, a desarrollarse profesionalmente es condescendiente.
Porque las mujeres siguen siendo después de la maternidad.
Porque las mujeres siguen siendo aunque no sean madres.
Y las instituciones públicas, como prioridad, deberían proteger a todas aquellas valientes que paran la noria a golpe de entrañas y dicen: Espera, que me bajo un momento, que me mareo y quiero vivir.
Quiero vivir.
Porque saben que hay cosas que no regresan.
Las dos trenzas en el pelo con una cinta azul.
La sensación de verano el último día de colegio.
El hueco que deja el primer diente de leche.
Tu hijo con seis meses sobre el pecho.
Por eso es tan hermoso ver un carrito en el hemiciclo.
Un bebé en brazos de algunos amigos.
Un pecho alimentando a un ser vivo.
Por eso es emocionante todo lo que nos está pasando.
Ante lo novedoso podemos reaccionar de distintas maneras.
Con recelo: Lo hace para aparentar.
Con envidia: Lo hace porque puede y yo no.
O con amor: Gracias.
Gracias por pringar de vida las Cortes Generales.
Por hacernos pensar que otra política fue posible.
Por hacer visible la rutina.
Queremos vivir.
Queremos sentirnos útiles.
No renunciar.
Madres.
Padres.
Y que nuestros hijos e hijas nos vean crecer.

Escrito por: Roy Galán

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